¡Estaba en llamas cuando me acosté!

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DONE

Cuento / Octubre 2010

¡Camina, camina, camina! El hombre se movía lentamente por los oscuros corredores. Al final del pasillo se veía un poco de luz. Con suerte, lograría alcanzar lo que aparentemente era al final del día una salida. Sigue caminando, arrastrando una pesada carga. Un pico en la mano derecha que utiliza de bastón y hace un rato usaba para extraer carbón.

No quieren que se vaya. A cada paso que da se encuentra con algún desagradable demonio. Le hablan, le tratan de engañar, le tratan de convencer. Lo agarran de los pies, algunos intentan retenerlo por la fuerza, le golpean.

Pero el hombre esta decidido a escapar, ya lleva mucho tiempo en esa oscura caverna, sus días se han vuelto insoportables y su vida miserable. Antes no era así, alguna vez estuvo feliz en las catacumbas, encantado con el brillo de los diamantes y las vetas de oro, engañado por los demonios. ¡Pero ya no, ya no más! Los diamantes ya no tienen valor para él, son solo frías e inútiles piedras brillantes, el oro no es mas que ilusiones refulgentes pegadas a la pared. Y los demonios, los demonios son lo peor. Ya no le engañan, ya no los vé altos, hermosos y vistiendo ropas elegantes como los veía al principio, sino tal como son, unos seres encorvados, llenos de verrugas y pústulas despreciables, con unos cuernos deformes, de tamaños variados y en algunos casos carentes de total armonía, casi sin ropa, vistiendo apenas unos deshilachados taparrabos, que alguna vez fueron blancos pero ahora están negros del uso. En general, son seres verdaderamente despreciables, algunos caminan por el techo o por las paredes, en dos patas o en cuatro, es indiferente, algunos hablan en una lengua olvidada hace mucho tiempo y su tono de voz grave en combinación con el sobre uso de monosílabos y la carencia de vocales de su idioma haría temblar al más valiente.

Cada vez el hombre está más cerca. Ha dejado plantados en el piso a varios demonios, y el camino que ha recorrido esta lleno de cadáveres. El olor que dejan es pestilente, y eso que la mayoría no llevan mucho muertos. El pico y el rostro del hombre están llenos de sangre, y su taparrabos está también ennegrecido por el uso. Camina semi-desnudo con un sólo objetivo: llegar hasta la puerta.

En el camino pasa por la entrada a una galería que se abre a la izquierda. La pared del fondo de la galería está cubierta de diamantes. Antes de que pueda reaccionar de la galería se le arroja encima una sombra. Con la velocidad de un rayo caen al piso y ruedan, el trata de rodar hacia la salida, luego se separan y el hombre sigue arrastrandose en dirección a la luz. Hace calor, el hombre suda, tiene sed, tiene hambre, pero su anhelo de libertad es mayor que todo eso. ¡Se arrastra! La sombra se recupera, le toma por los tobillos y le propina un golpe en la espalda que le produce un dolor insoportable. Pierde el aliento, y luego de un esfuerzo logra recuperar la respiración. Se voltea y logra zafarse de las garras del demonio que le retiene. Lo conoce, quizá es el peor de todos, sus garras han lacerado sus tobillos, pero aún así se incorpora y lo golpea. El demonio sangra, curiosamente, a pesar de lo desagradables y fuertes que son, en el fondo su cuerpo sangra y se deshace al menor golpe. La cara se le llena de sangre, está atontado, pero no tardará en recuperarse, es el momento decisivo, el hombre toma el pico y vuelve a golpear. Un golpe seco y el demonio está muerto. Bueno, muerto es un término muy relativo, ellos no mueren en verdad, su cuerpo se deteriora, se pudre y luego encarna de regreso, por eso son pestilentes y son tan fáciles de herir, porque ya están muertos, son muertos en movimiento.

Finalmente está cerca de la salida, el peso que lleva colgado del cuello ahora casi no lo deja moverse, mientras más cerca de la salida es más difícil de llevar, mientras más cerca de la salida más pesado se hace. Está sujeto al cuello con un candado, que es prácticamente imposible de soltar. En el mundo inicial de la ilusión, cuando creía en los demonios, cuando estos le engañaban el peso parecía una joya, y el grillete con el candado al rededor de su cuello parecía una joya, y como todo en esas épocas, era hermosa. Poco a poco se fue evidenciando la verdadera naturaleza del artefacto, poco a poco así como se fue revelando la verdadera identidad de los demonios también se reveló la naturaleza del grillete.

Ya casi llega a la salida. Mira hacia atrás y ve la mina en todo su esplendor, el calor es insoportable, las hogueras de las fundiciones resaltan en la oscuridad, y se pueden ver las sombras de otros demonios y esclavos moverse de un lado a otro, levando piedra, atizando fuego, agitando látigos. El demonio que acaba de matar ya se está regenerando, debe apurarse, porque no tardará mucho en levantarse.

Sigue caminando, está al borde de la salida, da un paso, después otro y finalmente logra salir. La luz del exterior le ciega, el aire fresco le quema los pulmones, y entonces le asalta esa extraña sensación de no saber que hacer, de falta de propósito. Ha pasado tanto tiempo en la mina que tiene dificultades en comprender cual será el siguiente paso. Los demonios no salen de la mina, así que ya no le pueden prender, pero el mundo exterior puede resultar intimidante.

Entonces se quita su carnet de identificación del cuello y lo guarda en el bolsillo de la chaqueta. Acomoda las carpetas que lleva debajo del brazo, se sube el cuello de la chaqueta y se pierde entre la multitud rumbo a su casa.

Gracias


Ya lo arreglé. Saludos!

Excelente reflexión, las


Excelente reflexión, las palabras fuertes, son tan descriptivas, que calan en la imaginación que permite la lectura, la mayoría se encuentra hoy en día, viviendo en la caverna, "feliz" con los demonios.

Quería hacer notar el siguiente extracto, en donde creo se permutaron unas letras al final:

"Está sujeto al cuello con un candado, que es prácticamente imposible se saltar."

Saludos

Citas...

Los seres humanos nos creemos la gran cosa, pero en el fondo no somos
más que una minúscula parte del caos resultante de una gran explosión.
Como el humo de cualquier explosión, nuestro destino es seguir el
camino de la entropía y terminar extinguiendonos en algún frio y
retirado rincón del universo --- ¿o no?

dmi

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